Conflictos que Afectan el Matrimonio: “Incompatibilidad y Paradojas”

agosto 24, 2011 at 2:47 am Deja un comentario

  A todo el mundo le gustan los finales felices. Los escritores tienen la tendencia a usar como    material ilustrativo las historias de casos en que todo termina bien. Pero la franqueza nos obliga  a enfrentarnos con la realidad de los conflictos conyugales para los que al parecer no hay solución alguna.

    Enrique y Gloria constituyen un caso que me ayudará a demostrarlo. Gloria vino a verme en  busca de orientación matrimonial y continuó sus consultas durante un año más. Ambos asistieron a las sesiones de un grupo de esposos y esposas durante casi un año. Descubrí que Gloria tenía dos personalidades. Cuando su matrimonio se disolvió la primera vez, los tres hijos se pusieron en contra de ella y se fueron a vivir con su padre. Sintiéndose en extremo sola y rechazada, vino a verme. Se sentía desconcertada y herida. No podía comprender por qué todos estaban en contra de ella. Al principio me fue difícil a mí mismo entender por qué esta esposa y madre agradable, dulce y atrativa había sido rechazada por su familia de manera tan absoluta.


Cuando bajo su insistencia, el esposo alejado se unió al grupo, empecé a comprender. La esposa tranquila y dulce resultaba ser, en presencia del esposo, una persona hostil, agresiva y criticona. Enrique resultó ser un individuo pasivo-agresivo. Los dos elementos de pasividad y agresión dentro de su personalidad sencillamente no encajaban con los rasgos característicos de su esposa. Hubo una breve temporada en que los dos volvieron a unirse, pero duró poco.

 Empecé a comprender la dinámica que se ponía en marcha cuando participaban en el grupo. Ella era una masoquista psíquica, y él un sádico. Inconscientemente ella le aguijoneaba hasta que él estallaba en furia impotente. Entonces ella se convertía en una mártir, suplicando comprensión y simpatía. El masoquista es el individuo que suele encontrar al sádico y viceversa. El que siente una necesidad inconsciente de castigo o de sufrimiento halla de alguna manera su contrapartida. Yo no veía esperanza alguna para su matrimonio. En sí fue un error. Era una mala pareja. Y peor aún, ninguno de los dos merecía que alguien corriera el riesgo de ser su cónyuge, debido a sus tipos de personalidad particulares que al parecer no tenían la menor intención ni capacidad de alterar.

    Sin embargo, la mayoría de los conflictos conyugales pueden enderezarse. Hay diferencias que pueden causar importantes perturbaciones; los parientes, el dinero, y también las incompatibilidades sexuales de menor importancia. Todo esto puede generalmente resolverse sin mayores dificultades si las dos personas afectadas son razonablemente maduras en sus emociones. Sin embargo, estos problemas exigen muchas veces la ayuda de una tercera persona que pueda observar la situación objetivamente.

    Hay problemas más profundos y que tienen su raíz en la estructura de la personalidad dañada anteriormente. Marta se unió a uno de nuestros grupos, determinada a llegar a la raíz de sus problemas emocionales físicos y domésticos. Su esposo se opuso a que diera este paso y le prohibió salir de su casa sin su permiso. Fuera del hogar este hombre era manso y pasivo, pero en la relación conyugal parecía haber decidido controlar todos los detalles de la vida de su esposa. Esta arriesgó incurrir en su ira por primera vez en más de veinte años de matrimonio, se incorporó al grupo, y empezó a obtener un considerable discerniniento interior de sí misma y de sus problemas.

   En una ocasión relató el caso en que cuando niña llegó a casa y no pudo encontrar a su perrito. Su madre le dijo:
—-Tu papá ha matado al perrito porque tú has sido mala.– Este episodio dejó en ella una impresión imborrable; si mamá decía que ella era mala, es que debía serlo. Siguió viviendo con este sentimiento de culpabilidad aunque nunca pudo saber de qué se sentía culpable. Uno de los resultados fue que creía no tener derechos. No sabía defenderse ni defender sus opiniones. Un día conoció a un hombre y se casó con él. Un hombre que era exactamente su contrapartida. Creyendo no tener derechos, halló a este hombre y con él precisamente porque este hombre no estaba dispuesto a concederle ningún derecho ni privilegio. Su esposo controlaba su vida hasta el más mínimo detalle.

   Este problema no es un problema incidental, sino un problema de personalidad. Habría sido completamente inútil tratar de ayudar a esta pareja a resolver sus problemas financieros o sociales o ninguna otra cuestión conscerniente a sus relaciones sin ayudar primero a la esposa a descubrirse a sí misma. Ella llegó a comprender que tenía los derechos humanos normales, que sabía defenderse y que podía expresar sus opiniones.

    Normalmente, cuando un esposo o una esposa experimenta importantes cambios de personalidad, se crea dentro del matrimonio una crisis que puede ser benigna o grave. Una de estas crisis despierta en el otro la necesidad de cambiar, o bien provoca una reacción hostil.

    Extraído del libro “Psicología del matrimonio” de Cecil G. Orborne, cap. 12 pág. 242 a 245. Editado por Logoi Inc. Miami, 1974.

FUENTE: Extraído del libro “Psicología del matrimonio” de Cecil G. Orborne, cap. 12 pág. 242 a 245. Editado por Logoi Inc. Miami, 1974.
http://www.encuentroconcristo.com.ar/sos_matrimonio/conflictos_que_afectan3.htm
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Ansiedad: Una alteración psicológica muy común El matrimonio engorda… y el divorcio también

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